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LAS SERPIENTES GIRAN EN LA NEBLINA
por José Geraldo Neres
Leyendo: “Tiempos presenciales del yo”, Luis Gilberto Caraballo
Elabora la partitura del claro oscuro y las serpientes giran en la neblina. Reposan los muros del tiempo -piedras únicas- en los ojos las voces. Máscaras de invierno "crepuscular y de las fieras con sus quijotes" muros de utopía "se hubieron levantado hileras de dioses". Pájaro del nuevo pacto "andaluz llegando a su presagio, ecos de la selva africana".
Muro que limita los vinos jóvenes - el lenguaje de los versos- habitantes de los días ausentes -son las piedras únicas para hacer el girasol galáctico. El diálogo del jardín de orquídeas. Sus gritos “la imagen que se va el origen” los hombres son la ciudad del tiempo -el camino en la noche abisal es lenguaje en versos. Es la muerte como su rostro en la neblina. El poeta rasga la imagen “caos y cicatriz del verso”. Falta sólo escalar hasta el verso, pero con su espejo; el eco del alma es el abandono. Sólo para hacer existirse en río del tiempo “agua eres y gotas del tiempo serás” “somos ríos sobre ríos, ojos sobre ojos” - Despierte el río y sea silencio del tiempo. Elabora los gritos de los caminos ausentes.
La muerte y su lírica lengua, mira para el viento del verso, y dice - no seré tu silencio, no seré. Soy el lugar y la neblina. Soy el rostro desconocido. Soy morada de lenguas verdes. Soy el silencio vertebrado de las aguas del río grande. Soy ese futuro entreabierto que se esquiva de los símbolos inútiles. ¡Vamos; tenga fe! Desdoble su espejo, su muerte vaga en el horizonte. Yo no soy el horizonte, quizás sea, pero hoy; no. Ahora me preguntan ¿a donde irán los sueños? ¿y los profundos caminos que elevan la consciencia? El tiempo es mi garganta y en ella hay filas de los cuerpos semidesnudos sin siluetas de lunas; un país en ruinas caminando por un desierto hipnotizado por asaltantes del verbo, donde las serpientes encantan.
Muchas otras puertas en el vaso de agua, y algunas páginas, aunque sea un collage, que se disipa en el silencio. El onírico que va salvando el canto del infinito. Elabora la partitura en algún río lleno de laberintos secos. Con la urgencia del exilio que dan estos días. Aunque avancemos por los molinos de viento hacia lo inevitable. ¿De cuántas puertas y círculos estaré hecho? Soy el lugar y la neblina; la casa paralela.
El tiempo entreteje sus raíces, dibuja sus círculos de fuego - dos relojes - esperan un horizonte perdido. Uno va a morir su tiempo y abre su circulo; se ve a correr en el fuego donde se bebía la noche. Los molinos de nuestra miseria son tus paredes. Donde lloran las noches “me levantan sonámbulo crucificado”, para ser gotas regadas de sal un “mosaico azul con lenguas blancas con tierra en el rostro”. El día camina con sus inciertos mundos, camina por los poemas que no escribo. Una lengua de perro muerto andaba por labios secos. El aroma de tierra que se repetía en los días. El jardín de metal era el presidio que el alma traía al tiempo. Encarna tu cuerpo en alguna puerta. Los labios de la ciudad en claro oscuro. Rostro de cristal liviano. Tus pies - vitrales de voces - respiran en tu garganta y salí de tu cuerpo. Invocas el verso solitario - las trazas de una elipse. Para que se hagan nuevos edificios de páginas y abismos. Levanta su voz como el agua y traga su tierra fértil.
Esos mitos se van y vienen no encuentran los dioses del sueño, están inmersos en el silencio. “Caen tus símbolos, a la tierra que los recibe”. Somos piedras con los signos de la sangre. Las cicatrices; una cruz del tiempo y del no tiempo. Estarán en la puerta, un solo sentido, la inútil muerte de los horizontes. En la punta de la lengua, habrá fatiga de la luna llena. Un río perdido en la memoria en los tiempos de las aguas. El invisible rostro abre el día; “la guitarra de la luz trenza un arco iris y barre las aceras”. Y a ese sol; un río primigenio.
El día no se arrea solo. En el bosque de los pinos y sus gnomos pulsando; esperan la lluvia, voz, de la cual nacemos.
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